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Peligroso México

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12 julio 2026

por Pat Hall

Mi primo quien está en Canadá me escribe con frecuencia y últimamente está preocupada por mí y se pregunta cómo puedo soportar vivir en México con todo el peligro que hay aquí. Todos mis amigos y familiares en Canadá se hacen la misma pregunta. Después de todo, México es tan peligroso y yo podría ser asesinada por los cárteles en cualquier momento. No entiendo por qué los medios pintan a México de una forma tan negativa. Así que escribí una descripción de por qué me encanta vivir en México.

*

La gente es tan amable y servicial. Una vez me caí y me golpeé la cabeza. Cuando desperté, había unas 25 personas —todas mexicanas— rodeándome, intentando ayudar. Una mujer estaba en su teléfono llamando a la ciudad para que vinieran a arreglar el drenaje en el que me había caído, y otro hombre estaba llamando a una ambulancia. Le dije al hombre del teléfono que no necesitaba una ambulancia, que solo tenía que sacar mi pie del agujero del drenaje. Un grupo de personas me levantó y me giró en todas direcciones y finalmente logré sacar el pie. Entonces descubrí que no podía caminar. El hombre que había estado llamando a la ambulancia me dijo que era "muy fuerte" y flexionó sus músculos. Luego me levantó y me cargó hasta mi casa. Solo vivía a media cuadra, pero aún así fue impresionante.


Otra cosa que me encanta de México — todo es recién cosechado
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Mi esposo tropezó y se cayó una vez al salir de una tienda. Seis personas acudieron corriendo de inmediato y tres hombres lo ayudaron a levantarse. Una mujer estaba llamando a una ambulancia, pero él había caído hacia atrás y aterrizado sobre su mochila grande y no se había lastimado realmente; solo se había quedado sin aire. Le dije a la mujer que no necesitábamos ambulancia y ella la canceló. El dueño de la tienda sacó una silla y le insistió en que se sentara a recuperarse un rato.

La gente te ayuda a subir un bordillo, y si la acera es estrecha, se baja a la calle. Me han ayudado a subir a un taxi varias veces, incluso un policía. No puedo creer lo atentos y serviciales que son todos. Todo el mundo te habla en la calle y te dice "buenas tardes", incluso si nunca te han visto antes. Al caminar por la calle, todo el mundo habla con todo el mundo. La primera vez que mi esposo y yo vinimos aquí, una mujer se detuvo en seco, nos miró y dijo: "¡Hola! Buenas tardes. ¿Cómo están?" Nos preguntamos si la conocíamos o si la habíamos visto antes, y estábamos totalmente desconcertados. Luego descubrimos la costumbre de saludar a todo el mundo. Lo único que se escucha al caminar por la calle es gente riendo. Te sientas en la plaza principal en una banca y todos los que están cerca te hablan. Los que pasan sonríen y asienten. Si alguien que conoces te ve, viene a saludarte y te abraza. Como soy canadiense, todavía me cuesta acostumbrarme a abrazar a todo el mundo. Todo el tiempo que estás en la plaza principal, los mariachis están tocando canciones y cantando. ¡Música por todas partes! Y las mojigangas siempre están caminando y entreteniéndonos.

Creo que "gracias" es la palabra más popular en México. Y todo el mundo se ríe todo el tiempo. Eso es todo lo que se escucha. Leí que México fue votado el año pasado como el país más feliz del mundo.

Salgo a cenar todos los días. Tengo un restaurante diferente para cada día de la semana. Una vez hice otra cosa y no fui a mi restaurante del martes. Al día siguiente recibí un mensaje del gerente del restaurante preguntando si estaba bien. Dijo que él y todos los meseros estaban preocupados por mí cuando no aparecí.

Otra vez, me atrapó la lluvia y llegué al restaurante empapada. Había olvidado llevar impermeable o paraguas, así que una de las señoras de limpieza de la plaza principal me dio (gratis) una bolsa de basura verde para ponerme. Me hizo agujeros para la cabeza y los brazos y me la colocó. La recepcionista del restaurante me quitó la bolsa empapada y la colgó. Sacó una toalla grande de algún lado y me secó el cabello con energía. No me habían secado el pelo así desde que mi madre lo hacía cuando era niña. Luego fuí a sentarme y el mesero me trajo una manta de lana para envolverme. Cuando me trajeron la cuenta, el mesero me dijo que mi postre era gratis porque el gerente me había visto llegar empapada. ¿Puedes creerlo?

Ya sabes cómo todos piensan que los mexicanos son flojos y que siempre están dormidos bajo un cactus. Nunca he visto gente tan trabajadora en ningún lugar del mundo. Literalmente corren mientras trabajan, suben escaleras y van de un lado a otro. Una mujer me dijo que si tienes una caja grande y muy pesada para subir al último piso, necesitas tres o cuatro hombres estadounidenses o canadienses para cargarla. Pero solo necesitas un mexicano. Y siempre están riendo y contando chistes mientras trabajan. Y nunca dejan de trabajar para descansar. Los trabajadores de la construcción en Canadá siempre parecen estar descansando, pero no los mexicanos.

También hay un millón de cosas para hacer aquí: teatro de clase mundial, exposiciones de arte, reuniones grupales, clases de baile todas las noches, presentaciones musicales, y mucho más. Cada domingo voy a cenar a un restaurante donde un grupo de cuatro hombres toca guitarras y flautas y canta canciones de México, Cuba, Ecuador, etc. Son maravillosos. Voy a un restaurante los miércoles donde un hombre toca la guitarra y canta. Nunca he escuchado a alguien cantar con tanta expresión. Su música es contagiosa. Mi esposo y yo lo conocemos desde hace años y cuando llego siempre me pregunta qué canción quiero que toque. Luego sube al escenario una mujer, después de él y toca el violín como nunca había escuchado una violín tocarse antes. ¡Es maravilloso! Voy a un grupo llamado The Brain Exchange. Se reúnen una vez al mes. Nos sentamos en círculo y si alguien tiene un problema, lo presenta y todos hacemos lluvia de ideas para resolverlo. Todo está cronometrado: tantos minutos para presentar el problema; tantos para preguntas; tantos para la lluvia de ideas, etc. ¡Qué divertido! aúnque no tengas un problema, vas, te diviertes pensando soluciones y conoces gente interesante. Cuando escribí mi libro, no podía encontrar un título que me gustara. Llevé mi "problema" al Brain Exchange y salí con unas 25 ideas excelentes. El martes por la noche una amiga y yo iremos a una obra sobre Picasso. Tengo boletos para la ópera La Traviata de Verdi próximamente. ¿Quién sabe qué más vendrá?


El autor con sus amigos, Liz y Antonio, padre e hija
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Mi sobrina, que vive en Canadá, vino a visitarme por primera vez hace seis meses. Estaba un poco asustada después de leer lo peligroso y terrible que es México, pero le encantó. Dijo que era fabuloso, absolutamente mágico y que se sentía muy segura caminando por todo San Miguel.

¡Nuestro paraíso!

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Pat Hall es una canadiense jubilada que ha estado visitando y viviendo en San Miguel durante los últimos 28 años. Hace muchos años Pat trabajó en la biblioteca de la Universidad de las Américas en Cholula, Puebla durante tres años, donde también estudió español. En Canadá trabajó como bibliotecaria, instructora de ciencias de la información y profesora de idiomas (francés, español, alemán, latín e inglés como segunda lengua). Los últimos cinco años de su vida laboral los dedicó a la traducción, traduciendo documentos oficiales del español al inglés y del inglés al español. Recientemente ha publicado un libro, Speak To Me: Travels and Exploits of a Language Lover, disponible en Amazon, sobre sus aventuras viajando y siguiendo su pasión por los idiomas.

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